Una moneda y un periódico.

Cincuenta personas se agolpan en un pequeño salón, lleno de sillas, banquetas y cuatro polvorientos sillones grises. En el extremo inferior derecho de la escena unas letras nos aclaran: 1 de Diciembre de 1997.

El sol penetra violentamente en la habitación. Elegantes y sobrios todos beben, comen, ríen y cuentan anécdotas pasadas. En la habitación, al fondo, un ataúd.

En la entradilla, sentado en una silla junto a una esquina hay un niño algo flaco disfrazado de superman, desgreñado y de unos doce años. Conversa con el espíritu de su abuelo recién fallecido:

 

Chico- Nunca había visto a papá tan elegante.
Abuelo- Bueno, se trata de una ocasión especial.
Chico- Creo que está algo borracho.
Abuelo- (Sonriendo) A mí también me apetece una copa.
Chico -Si quieres te traigo una sin que nadie me vea.
Abuelo- (Exhalando) Te voy a echar de menos.
Chico- Yo también.
Abuelo- ¿Y cómo está mamá?
Chico- No ha salido en todo el día de su habitación. Creo que está muy triste.
Abuelo- Sé bueno con ella, lo va a pasar mal durante algún tiempo. Y no dejes que te vea así, que se va a poner peor.
Chico- Siempre me está regañando por todo, parece que no hago nada bien…que si la ropa tirada, que si el suelo del cuarto de baño mojado, que si los calcetines tirados en el salón…

¡Y yo no lo hago a propósito! No se da cuenta de que a mí esas cosas no me importan, ojala se hubiera ido ella y no tú.

Abuelo- Bueno, bueno… tranquilo… no es momento de enfadarse. Y no digas esas cosas. No digas nada de lo que te vayas a arrepentir el día de mañana, ¿me oyes? Tu abuelo estaba viejo y tenía prisa por marcharse.
Chico-  Echabas de menos a la abuela, ¿no?
Abuelo- Claro, ya va siendo hora de que volvamos a estar juntos.
Chico- (Entre sollozos) Te voy a echar…

Una jovencita de unos diez años de edad, hija de unos vecinos que habían acudido a dar el pésame, los interrumpe:

Chica- Mi madre dice que te invite a un helado.
Chico- ¿Te gusta mi disfraz?, soy superman.
Chica- Sí.

 Los dos niños, dados la mano, salen de la casa hacia la tienda de helados.

 Funde a negro. Sobre el negro se va impresionando un texto que versa:
“Por todas las monedas que me dabas”.

2 Comments »

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  1. Me ha gustado esta

    Comment by Emma — November 8, 2007 @ 10:19 pm

  2. Divina enfermedad el insomnio, enfermedad de pensadores, enfermedad debido en su mayoría de las veces a una inteligencia superior, a un amor desmesurado, a alguien que mira más allá de donde mira la gente corriente (estas duermen placenteramente para curiosa desgracia de ellos…) por ello mi teléfono, maldito instrumento, irónicamente siempre estará encendido en esa madrugada en la que me necesites… (Alfredo Rana nunca comunicará)

    Por suerte la muerte tiene algo positivo, nos recuerda que estamos vivos. Por desgracia la muerte tiene algo negativo, nos recuerda que otros ya nunca lo estarán…

    Comment by willi bimen — November 12, 2007 @ 7:59 pm

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