Insomne

La habitación está casi vacía. Una cama, un par de cuadros viejos y una lámpara, un par de libretas amarillas y un teléfono sobre una mesita de noche. Alfredo coge el teléfono. Está sentado en la cama.

Chica
(Casi dormida) ¿Sí? …

Silencio de unos segundos.

Alfredo
Eh… Hola, Buenas noches.
Chica
¿Alfredo?
Alfredo
Sí, sí… soy yo. ¿Estabas dormida?
Chica
No te preocupes. ¿Qué quieres?
Alfredo
Nada. No podía dormir. Quería saber cómo estabas.

Silencio de unos segundos.

Alfredo
Bueno… ¿y cómo estás?
Chica
(Algo perpleja) Bien, Alfredo. Yo estoy bien. ¿Seguro que tú también?

Los perros ladran en la calle.

Alfredo
¿Oyes a los perros?
Chica
¡¿Qué!? …
Alfredo
Mira…

Alfredo acerca el teléfono a la ventana.

Alfredo
Son perros vagabundos, siempre ladran por la noche.
Chica
¿Seguro que estás bien? Son las tres de la mañana.
Alfredo
Sí, sí. Estoy bien. Es sólo que…
Chica
Es muy tarde, Alfredo.
Alfredo
¿María, tú qué piensas de mí?
María
Lo mismo que mañana a las diez. Hasta mañana.

María cuelga el teléfono.

Funde a negro. Sobre el negro se impresiona un texto que versa.
“creep-radiohead”

Una moneda y un periódico.

Cincuenta personas se agolpan en un pequeño salón, lleno de sillas, banquetas y cuatro polvorientos sillones grises. En el extremo inferior derecho de la escena unas letras nos aclaran: 1 de Diciembre de 1997.

El sol penetra violentamente en la habitación. Elegantes y sobrios todos beben, comen, ríen y cuentan anécdotas pasadas. En la habitación, al fondo, un ataúd.

En la entradilla, sentado en una silla junto a una esquina hay un niño algo flaco disfrazado de superman, desgreñado y de unos doce años. Conversa con el espíritu de su abuelo recién fallecido:

 

Chico- Nunca había visto a papá tan elegante.
Abuelo- Bueno, se trata de una ocasión especial.
Chico- Creo que está algo borracho.
Abuelo- (Sonriendo) A mí también me apetece una copa.
Chico -Si quieres te traigo una sin que nadie me vea.
Abuelo- (Exhalando) Te voy a echar de menos.
Chico- Yo también.
Abuelo- ¿Y cómo está mamá?
Chico- No ha salido en todo el día de su habitación. Creo que está muy triste.
Abuelo- Sé bueno con ella, lo va a pasar mal durante algún tiempo. Y no dejes que te vea así, que se va a poner peor.
Chico- Siempre me está regañando por todo, parece que no hago nada bien…que si la ropa tirada, que si el suelo del cuarto de baño mojado, que si los calcetines tirados en el salón…

¡Y yo no lo hago a propósito! No se da cuenta de que a mí esas cosas no me importan, ojala se hubiera ido ella y no tú.

Abuelo- Bueno, bueno… tranquilo… no es momento de enfadarse. Y no digas esas cosas. No digas nada de lo que te vayas a arrepentir el día de mañana, ¿me oyes? Tu abuelo estaba viejo y tenía prisa por marcharse.
Chico-  Echabas de menos a la abuela, ¿no?
Abuelo- Claro, ya va siendo hora de que volvamos a estar juntos.
Chico- (Entre sollozos) Te voy a echar…

Una jovencita de unos diez años de edad, hija de unos vecinos que habían acudido a dar el pésame, los interrumpe:

Chica- Mi madre dice que te invite a un helado.
Chico- ¿Te gusta mi disfraz?, soy superman.
Chica- Sí.

 Los dos niños, dados la mano, salen de la casa hacia la tienda de helados.

 Funde a negro. Sobre el negro se va impresionando un texto que versa:
“Por todas las monedas que me dabas”.

Romeo y Julieta

Una carretera muy transitada, el semáforo de peatones está en rojo. Al límite de la calzada hablan dos desconocidos:

Chico- Creo que te conozco.
Chica- Ni lo intentes.
Chico- Lo digo en serio, te llamas Julieta. ¿O me equivoco?
Falsa Julieta [Fingiendo sorpresa] ¿Eh?… Sí, ¿cómo lo sabes?

Entre tanto, a dos o tres metros un grupo de violinistas nos deleita con un concierto callejero, interpretan una vieja canción francesa.

Chico- Escucha, ¿te gusta?
Falsa Julieta- Sí, es precioso.
Chico- Es una vieja canción francesa.

Silencio. […]

Falsa Julieta- Bueno, ¿cómo sabes mi nombre?
Chico- Soy Romeo, ¿no me recuerdas?
Falsa Julieta (Risas)
Falso Romeo- Contesta rápido, si cruzo con el tráfico en marcha y sobrevivo… me dejas que te invite a un café.
Falsa Julieta- Mm… sí.

El chico corre. Oímos un claxon. Un coche a toda velocidad acaba de matar al chico.

-Funde a negro. Sobre el negro se va impresionando un texto que versa: “También los feos mueren por amor”.-

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