Llevo toda la vida observándote de Mis Clases Magistrales.

Llevo toda la vida observándote de Mis Clases Magistrales. Bueno, he dicho que llevo toda la vida observándote y es culpa de la serpiente, es recto, es cierto. Yo celebro en las rondas de las cuerdas, donde cruzas, en las rondas de las cuerdas que construyes ligeramente ensimismada con papel de servilletas. Han dicho los camiones con sus grandes vozarrones sobre todo los camiones, mostradores de colores con sus grandes vozarrones, de jauría y cornisas y repisas y cornisas que la necesidad del ser ha muerto perdida de espanto y de noche, de tela mojada y de saltamontes. De los grandes días luminosos que decoran los grandes dolores. Bien, yo sé que he perdido la o p o r t u n i d a d, Que todas las canciones suenan mal a la de tres.

Conversaciones con un alienígeno hambriento. Sketch 1

Juanjo está tranquilamente sentado en su sofá. La aparición de un alienígeno hambriento le perturba.

Juanjo: ¿Quién eres?
Alienígeno: Soy un alienígeno hambriento.
Juanjo: ¿Y de dónde vienes?
Alienígeno: Soy un alienígeno hambriento.
Juanjo: Eh… Aaaarh.

El alienígeno se ha comido a Juanjo.

La imagen como mi propiedad, no como mi imagen.

http://www.youtube.com/watch?v=wS5i0F7DxV8

A mis queridos esqueletos.

-Usted nunca gana

-No, pero juego muy bien. 

Lo que voy a hacer contigo.

Meterte el dedo en la nariz, sacarte el cerebro,
dejarte morir, disolverlo en anís para hacerte reir.

(I)

Hay una chica ojeando una revista cultural, en una mesita apoyada en una columna. Es pelirroja. El dependiente sonríe y camina hacia la caja registradora. Juanjo se detiene perplejo algunos segundos con un par de libros en la mano, espera respuesta. Baja la mirada. Deja los libros en la estantería y camina hacia la esquina de la tienda, con la mirada perdida revisa las estanterías que encuentra de arriba a abajo, donde se encuentran los libros de Buñuel.

La chica deja la revista encima de la mesa y camina en la misma dirección que él. La mira y sonríe, ella observa la estantería sin darse cuenta del gesto. La estantería de cine español, la b de Buñuel. Juanjo coge un par de libros contiguos sobre Buñuel, la chica mira la estantería contigua, coge un libro: “Grandes maestros del cine soviético”.

Insomne

La habitación está casi vacía. Una cama, un par de cuadros viejos y una lámpara, un par de libretas amarillas y un teléfono sobre una mesita de noche. Alfredo coge el teléfono. Está sentado en la cama.

Chica
(Casi dormida) ¿Sí? …

Silencio de unos segundos.

Alfredo
Eh… Hola, Buenas noches.
Chica
¿Alfredo?
Alfredo
Sí, sí… soy yo. ¿Estabas dormida?
Chica
No te preocupes. ¿Qué quieres?
Alfredo
Nada. No podía dormir. Quería saber cómo estabas.

Silencio de unos segundos.

Alfredo
Bueno… ¿y cómo estás?
Chica
(Algo perpleja) Bien, Alfredo. Yo estoy bien. ¿Seguro que tú también?

Los perros ladran en la calle.

Alfredo
¿Oyes a los perros?
Chica
¡¿Qué!? …
Alfredo
Mira…

Alfredo acerca el teléfono a la ventana.

Alfredo
Son perros vagabundos, siempre ladran por la noche.
Chica
¿Seguro que estás bien? Son las tres de la mañana.
Alfredo
Sí, sí. Estoy bien. Es sólo que…
Chica
Es muy tarde, Alfredo.
Alfredo
¿María, tú qué piensas de mí?
María
Lo mismo que mañana a las diez. Hasta mañana.

María cuelga el teléfono.

Funde a negro. Sobre el negro se impresiona un texto que versa.
“creep-radiohead”

Una moneda y un periódico.

Cincuenta personas se agolpan en un pequeño salón, lleno de sillas, banquetas y cuatro polvorientos sillones grises. En el extremo inferior derecho de la escena unas letras nos aclaran: 1 de Diciembre de 1997.

El sol penetra violentamente en la habitación. Elegantes y sobrios todos beben, comen, ríen y cuentan anécdotas pasadas. En la habitación, al fondo, un ataúd.

En la entradilla, sentado en una silla junto a una esquina hay un niño algo flaco disfrazado de superman, desgreñado y de unos doce años. Conversa con el espíritu de su abuelo recién fallecido:

 

Chico- Nunca había visto a papá tan elegante.
Abuelo- Bueno, se trata de una ocasión especial.
Chico- Creo que está algo borracho.
Abuelo- (Sonriendo) A mí también me apetece una copa.
Chico -Si quieres te traigo una sin que nadie me vea.
Abuelo- (Exhalando) Te voy a echar de menos.
Chico- Yo también.
Abuelo- ¿Y cómo está mamá?
Chico- No ha salido en todo el día de su habitación. Creo que está muy triste.
Abuelo- Sé bueno con ella, lo va a pasar mal durante algún tiempo. Y no dejes que te vea así, que se va a poner peor.
Chico- Siempre me está regañando por todo, parece que no hago nada bien…que si la ropa tirada, que si el suelo del cuarto de baño mojado, que si los calcetines tirados en el salón…

¡Y yo no lo hago a propósito! No se da cuenta de que a mí esas cosas no me importan, ojala se hubiera ido ella y no tú.

Abuelo- Bueno, bueno… tranquilo… no es momento de enfadarse. Y no digas esas cosas. No digas nada de lo que te vayas a arrepentir el día de mañana, ¿me oyes? Tu abuelo estaba viejo y tenía prisa por marcharse.
Chico-  Echabas de menos a la abuela, ¿no?
Abuelo- Claro, ya va siendo hora de que volvamos a estar juntos.
Chico- (Entre sollozos) Te voy a echar…

Una jovencita de unos diez años de edad, hija de unos vecinos que habían acudido a dar el pésame, los interrumpe:

Chica- Mi madre dice que te invite a un helado.
Chico- ¿Te gusta mi disfraz?, soy superman.
Chica- Sí.

 Los dos niños, dados la mano, salen de la casa hacia la tienda de helados.

 Funde a negro. Sobre el negro se va impresionando un texto que versa:
“Por todas las monedas que me dabas”.

Romeo y Julieta

Una carretera muy transitada, el semáforo de peatones está en rojo. Al límite de la calzada hablan dos desconocidos:

Chico- Creo que te conozco.
Chica- Ni lo intentes.
Chico- Lo digo en serio, te llamas Julieta. ¿O me equivoco?
Falsa Julieta [Fingiendo sorpresa] ¿Eh?… Sí, ¿cómo lo sabes?

Entre tanto, a dos o tres metros un grupo de violinistas nos deleita con un concierto callejero, interpretan una vieja canción francesa.

Chico- Escucha, ¿te gusta?
Falsa Julieta- Sí, es precioso.
Chico- Es una vieja canción francesa.

Silencio. […]

Falsa Julieta- Bueno, ¿cómo sabes mi nombre?
Chico- Soy Romeo, ¿no me recuerdas?
Falsa Julieta (Risas)
Falso Romeo- Contesta rápido, si cruzo con el tráfico en marcha y sobrevivo… me dejas que te invite a un café.
Falsa Julieta- Mm… sí.

El chico corre. Oímos un claxon. Un coche a toda velocidad acaba de matar al chico.

-Funde a negro. Sobre el negro se va impresionando un texto que versa: “También los feos mueren por amor”.-

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